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The Conversation Global Medio independiente de noticias y análisis basados en la investigación, con notas escritas por la comunidad académica.

Nicolas Maduro, presidente de Venezuela, junto a su ar de Nicaragua, Daniel Ortega. Foto de archivo (Internet)

Por Benjamin Waddell, profesor asociado de Sociología en Fort Lewis College

La popularidad del presidente de Nicaragua Daniel Ortega ha disminuido drásticamente.

En enero del 2018 obtuvo el más alto nivel de aprobación entre los presidentes centroamericanos, con un 54% de apoyo. Hoy los nicaragüenses piden la renuncia inmediata de Ortega.

Ortega, el ex guerrillero sandinista que gobernó Nicaragua en la década de los 80, mostró por primera vez signos de debilidad a comienzos de abril, cuando miles de estudiantes protestaron por su mala gestión después de un masivo incendio forestal en la mayor reserva natural de Nicaragua.

Para el 19 de abril, cientos de miles de nicaragüenses, entre ellos personas que antes apoyaban a Ortega, se unieron para manifestarse después de que el gobierno aprobó una impopular reforma al sistema de seguridad social.

Desde entonces, oficiales de la policía y fuerzas progubernamentales han matado a más de 450 manifestantes y herido al menos a 2 mil 500.


Haciendo eco del pasado de Nicaragua, el dinero proveniente del extranjero contribuyó en cierta forma a los disturbios actuales del país. En la década de los 70, Estados Unidos respaldó al régimen del General Anastasio Somoza – cuya brutal dictadura fue finalmente derrocada por Ortega y sus partidarios de la Revolución Sandinista de 1979.

Esta vez no es Estados Unidos quien apoya al impopular dictador nicaragüense, sino Venezuela.

La diplomacia del petróleo de Venezuela

Yo fui residente nicaragüense, y fui forzado a salir recientemente debido a la violencia. Mis investigaciones académicas, que se enfocan en la economía política de América Latina, indican que el dinero proveniente del petróleo venezolano puede muy bien explicar tanto el éxito de Ortega como su actual caída.

Ortega fue reelegido para la presidencia en el 2007 después de dos décadas de estar fuera del poder. En ese momento, él era uno de varios líderes de la izquierda en la región.

Venezuela, entonces gobernado por el socialista Hugo Chávez, comenzó de inmediato a enviar miles de millones de dólares en petróleo barato –la mayor exportación y producto más valioso del país– a Nicaragua. De acuerdo con el economista nicaragüense Adolfo Acevedo, entre el 2007 y el 2016, Venezuela envió 3.7 mil millones de dólares en petróleo a Nicaragua.

La “diplomacia petrolera” fue una práctica estandarizada en Venezuela en ese momento. A principios de la década del 2000, Venezuela era uno de los países más ricos de Latinoamérica. Chávez utilizó su fuerza económica para apoyar a sus aliados como Cuba, Argentina, Ecuador y Brasil enviándoles ayuda financiera y crudo barato.

Venezuela ofreció al régimen de Ortega términos de intercambio inusualmente favorables. Su gobierno pagó el 50% del costo de cada envío dentro de los 90 días posteriores a recibirlo. El resto se registró como una deuda que el Estado tiene que pagar dentro de 23 años a una taza de interés de 2%.

Este combustible barato fue distribuido a precios de mercado por la empresa de hidrocarburos del gobierno de Nicaragua, conocido por sus iniciales, DNP, o Distribuidora Nicaragüense de Petroleo. El favorable margen de ganancia del gobierno ayudó a impulsar un período de notable crecimiento económico en Nicaragua.

Entre el 2007 y 2016, el gobierno de Ortega gastó cerca del 40% de las ganancias logradas de ese petróleo para impulsar ambiciosos programas de bienestar social, incluyendo pequeños préstamos para empresas, ayuda alimentaria para acabar con el hambre y viviendas subvencionadas para los pobres.

Estas iniciativas contribuyeron significativamente a la reducción de los índices de pobreza en Nicaragua, ganando mayor apoyo popular para Ortega y su partido.

Entre el 2007 y 2017, el producto interno bruto (PIB) de Nicaragua creció a un promedio de 4.1% anual. El auge alcanzó su punto máximo en el 2012, con un asombroso crecimiento del 6.4% del PIB.

El año anterior, Venezuela había enviado un récord de 557 millones en petróleo a Nicaragua –el equivalente total al 6% del producto interno bruto del país.
La riqueza petrolera de Ortega

Más allá de impulsar la economía nicaragüense, el petróleo venezolano también benefició directamente a la familia Ortega.

DNP, Distribuidora Nicaragüense de Petróleo, es administrada por la nuera de Ortega, Yadira Leets Marín.

De acuerdo con un reporte de investigación del periódico nicaragüense Confidencial, 60% de las ganancias provenientes de la venta del petróleo venezolano que no se gastaron en programas sociales – aproximadamente 2.4 mil millones– fueron canalizados a través de una empresa privada venezolano-nicaragüense llamada Albanisa, administrada por el hijo del presidente Ortega, Rafael Ortega.

Los fondos fueron invertidos de manera opaca por empresas privadas controladas por la familia Ortega, incluyendo un proyecto de energía eólica, una refinería de petróleo, una aerolínea, una compañía de teléfonos celulares, un hotel, gasolineras, condominios de lujo y una piscifactoría.

No hay contabilidad pública de las inversiones o ganancias de Albanisa. Pero de acuerdo con el exsubdirector de Albanisa, Rodrigo Obregón Robles, quien habló con Univision el pasado mayo, “Ortega utilizó a Albanisa para comprar a todo mundo de una manera nunca antes vista en la historia de Nicaragua”.

La riqueza personal de Ortega no está confirmada. Pero fuentes fidedignas, incluido el Wall Street Journal, calculan que su familia ha acumulado una de las mayores fortunas del país.
Una batalla cuesta arriba

Los programas sociales de Ortega, junto con las lucrativas empresas comerciales que le permitieron comprar apoyo, lo convirtieron en el líder nicaragüense más poderoso desde Somoza.


Al finales del 2015, la fuerte caída de los precios mundiales del petróleo provocó que la economía venezolana, la cual sufría de una mala administración, cayera en una recesión para después llevar a un colapso total.

El sucesor de Chávez, el presidente Nicolás Maduro, se vio obligado a reducir la diplomacia petrolera de Venezuela. Como resultado, en el 2017 y el 2018 su gobierno no mandó ningún embarque de petróleo a Nicaragua.


Después de eso, el apoyo al régimen Ortegista disminuyó rápidamente.

Ortega, al igual que el dictador que ayudó a derrocar hace tres décadas, dependió del dinero extranjero para comprar el poder en medio de los desafíos que se le presentaron. Ahora que el dinero venezolano se ha acabado, le queda muy poco para ofrecer a su pueblo – según los manifestantes, siendo esa una razón más para considerar que el ciclo de Ortega ya concluyó.

Este texto fue publicado originalmente en ‘The Conversation’.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.