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El traspaso de 11 rinocerontes a un parque nacional del sureste de Kenia no era, en principio, más que una mera formalidad. Pero acabó convirtiéndose en uno de los mayores fracasos de la historia de la protección de la fauna salvaje del país, que dejó atónitos a los defensores del medio ambiente.

Hubo varias advertencias, que fueron ignoradas o incluso ocultadas, sobre la alta salinidad del punto de agua previsto para los 11 animales, representantes de una especie gravemente amenazada, que murieron intoxicados por la sal del bebedero. El trágico desenlace abrió un capítulo de acusaciones y reproches entre los diferentes protagonistas de la iniciativa.

A finales de junio, el ministro keniano de Turismo y Fauna Salvaje, Najib Balala, y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) anunciaron con bombos y platillos la conclusión de un proyecto de seis años, y que condujo al traslado de rinocerontes negros desde los parques de Nairobi y Nakuru a un nuevo refugio, un inmenso cercado de 100 kilómetros cuadrados, en el parque de Tsavo Este.

El proyecto para trasladar a los rinocerontes ignoró graves advertencias (AFP)

Pero el proyecto del Servicio Keniano de Fauna (KWS), financiado en un millón de dólares por WWF, se volvió una pesadilla. Tras haber ingerido agua extraída a varios metros de profundidad, los rinocerontes murieron uno tras otro.

Según Benson Kibore, director de la Asociación keniana de Veterinarios, que participó en la autopsia de los rinocerontes, el agua estaba tan salada que incluso corroyó una verja de metal cercana a la bomba.

Al parecer, el agua salada les daba aún más sed a los animales, que consumían más y más. La lenta deshidratación de su cuerpo se tradujo en la desecación de sus tejidos y el espesamiento de su sangre.

Los rinocerontes negros están en grave peligro de extinción por los cazadores que buscan los cuernos, a alto valor en el mercado negro (Reuters)

Sin embargo, se llevaron a cabo una quincena de exámenes acuíferos entre febrero y mayo. Sus resultados indicaban una salinidad peligrosa. Según Kibore, ni siquiera se comunicaron estos datos a los veterinarios cuando los primeros rinocerontes cayeron enfermos, haciéndoles perder un tiempo muy valioso para encontrar un diagnóstico.

Cuando se confirmó el traslado, “estaba aterrado, estaba seguro de que habría un problema”, aseguró por su parte Nehemiah Rotich, exresponsable del KWS.

El traspaso, imaginado por el órgano ejecutivo del KWS, fue rechazado en varias ocasiones por el consejo de administración del KWS a causa del agua y de la falta de vegetación en el refugio.

Brian Heath, un ex miembro del consejo, denunció presiones por parte de WWF para que se llevara a cabo. Ante el Parlamento, el ex presidente del consejo de administración de KWS y reconocido paleontólogo Richard Leakey también criticó las “interferencias” de la famosa ONG.

El consejo, del que Leaky y Heath formaban parte, finalmente aprobó la transferencia en octubre de 2017, siempre y cuando el refugio fuera mejorado. Su mandato terminó en abril y tres meses más tarde, sin que un nuevo consejo -todavía sin nombrar- dirimiera sobre la cuestión.

Personal taladra el cuerno para instalar un dispositivo GPS de ubicación (Reuters)

Otros elementos sugieren, además, un pulso sobre la cuestión, como el acta de una reunión de mayo de 2017 sobre ese proyecto, en la que participaron responsables del KWS y Martin Mulama, experto en rinocerontes para WWF.

Una primera acta no hacía ninguna referencia a eventuales preocupaciones. Varios participares se quejaron y una segunda versión de esa acta indica que “el hábitat dominante no permite que se lleve a cabo la transferencia”

WWF niega toda injerencia y Mulama considera que la responsabilidad de este fiasco corresponde enteramente al KWS. “En ningún momento habríamos hecho algo que fuera desfavorable para la especia que intentamos proteger”, dijo la organización.

Además, afirma que, aparte de las variaciones meteorológicas, WWF no estaba al corriente de ningún problema relacionado con el refugio y que recibió “garantías regulares por parte del KWS de que el sitio era conveniente y seguro”.

(Reuters)

Ex miembros del consejo de administración del KWS acusan a Balala de haber autorizado el traslado en su ausencia.

El ministro rechaza ser el responsable, pero culpa al consejo de administración, defendiendo que si sus miembros se hubieran opuesto al proyecto deberían haber votado por su anulación.

Balala asegura también que su presencia en la ceremonia de lanzamiento del proyecto no debería interpretarse como una muestra de implicación profunda: “¿Acaso yo sabía lo del agua? ¿Acaso sabía yo que el consejo tenía objeciones? Ni siquiera estaba al tanto“.

“Si quieren que dimita, que prueben el papel que jugué”, lanzó.

Pero para Paula Kahumbu, directora de la organización Wildlife Direct, el problema actual va más allá de la muerte de los rinocerontes.

“Hubo fallos a múltiples niveles, y el hecho de que varias autoridades rechacen cargar con ninguna responsabilidad es muy preocupante“, considera.

La reciente construcción de un puente ferroviario a través del parque nacional de Nairobi y de otras infraestructuras en zonas protegidas son, para ella, la muestra de una “época muy muy sombría para Kenia” y su fauna salvaje.

Con información de AFP

Fuente: infobae.com