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Vivimos en ese mundo en el que proliferan todo tipo de consejos sobre qué debes hacer para conseguir la tan ansiada felicidad y estar contento con cada momento de los que te toca vivir. Muchos de ellos se deberían escuchar con cierto escepticismo, ya que cada persona es diferente y tiene distintas actitudes, proyectos o inquietudes. La única forma de obtener ideas correctas sobre qué es lo que hay que hacer para tener una vida feliz es seguir a muchas personas durante toda su vida y ver qué es lo que les ha funcionado. Para refutar la veracidad de tal análisis, habría que ponderar muchísima cantidad de datos.Afortunadamente, ya se han ocupado de hacerlo.

La que quizás sea la universidad más famosa de nuestra época, Harvard, ha elaborado un estudio como resultado de otras tres investigaciones por el que siguieron a 800 personas desde su juventud hasta su vejez en un tramo de 30 años con el objetivo de desentrañar qué es lo que caracteriza una vida sana y feliz.Así, el conocido como Estudio del Desarrollo de Adultos seguramente sea el estudio más amplio sobre la salud física y mental jamás realizado. ‘Business Insider’ ha recogido los resultados, que han dado a luz a seis factores claves que afectan a la felicidad, la longevidad, las relaciones, la educación o la generosidad.

Ni tabaco ni alcohol

Este fue el primer factor que tiene que ver con desarrollar una buena salud física. “No ser fumador antes de los 50 fue el factor más importante a la hora de prevenir el envejecimiento. Fumar mucho (más de una cajetilla al día durante treinta años) se relacionaba con una muerte prematura. Sin embargo, si una persona ha dejado el vicio a partir de los 45 años, ya no se discernirían los efectos del tabaquismo a los 70 o a los 80 años”, afirma Geore Vaillant, líder del estudio y profesor en la Escuela de Medicina de Harvard. Por tanto, nunca es tarde para revertir un mal hábito y llevar una vida sana.

No son las cosas malas que nos pasan las que nos condenan, sino las personas buenas que están con nosotros y no las damos lo que se merecen

En el caso del alcohol, beber demasiado te hace menos feliz a largo plazo y arruina tus relaciones. “Su abuso es una de las causas del aumento del estrés o la depresión entre la población”, recalca el profesor. Por contrapartida, mantener el peso correcto aumentó la esperanza de vida, mientras que el ejercicio regular tiene una relación directa con la longevidad y la felicidad.

Una educación sólida

“La salud física de los hombres de 70 años sin estudios de Inner City (peor calidad educativa) era igual que la de los hombres de Harvard a los 80. Sin embargo, la de los primeros y con estudios universitarios de 70 era igual que la de los de Harvard. Todo ello a pesar de provenir de una diferente clase social, tener menos ingresos o que esta universidad no tuviera tanto prestigio como Harvard”, explica Vaillant. “Los factores educativos que se correlacionaban con una buena salud física en la vejez tenían que ver con el autocuidado y la perseverancia, no el coeficiente intelectual o los ingresos de los padres. Cuanto más educación obtuvieron los de Inner City, más probabilidades tenían de dejar de fumar, comer con sensatez o alejarse del alcohol”.

Más estudio y curiosidad, más feliz. (iStock)

Una infancia feliz

El amor recibido por parte de los padres en la educación y crianza del hijo afecta mucho más que, por ejemplo, la clase social. “Tanto para los hombres de Inner City como para los de Harvard, el mejor predictor no era el nivel de ingresos de sus padres, sino si sus progenitores les habían hecho sentir amados”,sentencia el profesor. Frecuentemente se suele afirmar que solo conoces a alguien de verdad cuando se ve envuelto en una situación de alto estrés. El Estudio de Desarrollo de Adultos halló que las personas que envejecían mejor se las habían arreglado bien con algo bastante problemático: sí, la adolescencia.

“Al seguir la vida de los hombres de Inner City, uno de los mejores indicadores de una vejez feliz fue lo bien o mal que se habían adaptado a la escuela secundaria. El resultado: tener buen recuerdo de la adolescencia depara una vejez feliz”. El problema es que muchas veces no se puede volver al tiempo perdido. Hasta ahora, nadie tiene esa habilidad digna de un buen Marcel Proust. ¿Qué se puede hacer entonces, a toro pasado, si no tuviste una infancia o adolescencia feliz? Harvard recomienda estar más cerca de todas esas personas que vivieron contigo el torbellino de la juventud. Demostrárles que las quieres, sanar viejas heridas o reconocerles ciertas cosas que en aquella época eras incapaz de ver. “No son las cosas malas que nos pasan las que nos condenan, si no las personas buenas que están con nosotros a cualquier edad y no las damos lo que se merecen”.

Las relaciones lo son todo

A muchos hombres y mujeres que gozaban de grandes ingresos y buenas capacidades cognitivas no les fue bien. Sin embargo, otros que no tenían tantas ventajas les fue fenomenal. Fue la capacidad de tratar con los demás lo que marcó la diferencia. “Una vida mejor se caracterizaba por poseer una buena inteligencia emocional, no la brillantez intelectual o la clase social de los padres. El ‘buen envejecimiento’ consiste en dar a los demás todo de lo que uno es capaz, recibir de los demás cada vez que uno lo necesita y ser lo suficientemente codiciosos como para desarrollarse en el medio”.

Para hacerse mayor “con éxito”, hay que sacar fuerzas cuando se flaquea y no ceder en el empeño

¿Cuál es el mayor error que se comete en este ámbito? Según el estudio, no trabajar lo suficiente a la hora deforjar nuevas relaciones cuando las antiguas van desapareciendo. “Envejecer bien requiere continuar aprendiendo cosas nuevas de los demás y estrechar nuevas amistades una vez vas haciéndote mayor, como por ejemplo, a los 50 años”.

La resiliencia

Esta bonita palabra significa, en resumidas cuentas, saber sobreponerse a los momentos duros. Sacar fuerzas cuando se flaquea y no cesar en el empeño. Saber desenvolverte en un entorno hostil o al que no estás acostumbrado. Cuando las cosas no salen como deben, los adolescentes gritan, lloran y culpan a todos menos a sí mismos. A muchos adultos les pasa igual por más que cumplan años.

Saber mantener la sonrisa hasta el final. (iStock)

En definitiva, culpar a los demás, tener una mente pasivo-agresiva, vivir con la negación, etc. son aspectos que no garantizan una vida sana y feliz. En cambio, afrontar y actuar en consecuencia ante una mala situación que se presenta, es digno de elogio y de una vida plena. “La adolescencia termina, pero lamentablemente, el comportamiento adolescente absorto en sí mismo y buscando atención puede continuar hasta la vejez. Por ello, si aprendes a usar habilidades de afrontamiento maduras y no actúas egoístamente, estás por delante del juego”, aduce el estudio.

“Generatividad”

Devolver lo que se te ha prestado; no solo eso, sino que multiplicado por dos el valor de lo que te prestaron. Es decir, todo lo que te ofrezcan o recibas, siempre lo has de devolver de forma cortés y generosa. De este modo, se construye comunidad y se generan lazos de confianza. “Generatividad significa construir comunidad. Cuando somos jóvenes, todos tendemos de forma natural al egoísmo. Y eso está bien. Necesitamos descubrirnos a nosotros mismos y al mundo, tenemos que construir nuestra propia vida. Pero cuando envejeces, la mejor manera de vivir es ayudar siempre a los que te rodean”. De este modo, el estudio recomienda pasar las primeras décadas construyendo una vida próspera y sana, para después transitar tus últimas décadas en el compromiso y la solidaridad que permita ofrecer a los otros todo lo aprendido por el camino.