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¿Qué sería de la cultura pop sin enemistades acérrimas? Es imposible entender Hollywood sin las jugarretas que Bette Davis y Joan Crawford se perpetraron durante décadas, sin la rivalidad entre Sylvester Stallone y Richard Gere que acabó con el primero difundiendo la leyenda urbana de que el segundo había ido a urgencias con un hámster metido en el culo o sin el 90% de los seres humanos que se han cruzado en el camino de Julia Roberts contando cómo la detestaron.

En la cultura pop española tenemos menos rivalidades legendarias. Están Sara Montiel y Marujita Díaz,están Marta y Marilia y están Carmen Maura y Almodóvar. Pero no es lo mismo. No hay traiciones, ni venganzas, ni insultos ingeniosos, ni un antagonismo convertido en espectáculo: en definitiva, no hay relato, solo un mal rollo. Siempre nos quedará México, la patria que a cambio de Rocío Dúrcal nos ha dado a Luis Miguel, a Frida Khalo, a Gael García Bernal, a Luis Miguel, la serie y a nuestras propias Crawford y Davis: Paulina Rubio y Thalía.

La semana pasada internet jugueteó con la posibilidad de que Thalía estuviese mofándose de Pau en Instagram. Estos son los hechos: Rubio lanzó su nuevo single Desire (Me tienes loquita) y una semana después Thalía lanzó el suyo, No me acuerdo. A los pocos días, Paulina celebró en Instagram que su canción llevaba un millón de reproducciones en YouTube y a continuación Thalía hizo lo mismo pero con cinco millones y una foto de ella guiñando un ojo y sacando la lengua. Los fans interpretaron ese gesto como una parodia de la expresión estrella de la rubia y un símbolo de que, esta vez, ella había sido la ganadora. Si esta polémica no se quedó en casualidad anecdótica beneficiada por la sequía de noticias en verano es porque Pau y Thalía llevan tres décadas lanzándose pullitas cada vez que alguien les ha puesto un micrófono delante.

En 1986, con 15 años, Thalía se unió al cuerpo de baile de la versión adolescente de Grease liderada por Timbiriche, un grupo musical infantil muy popular en México fundado en 1982 donde Paulina Rubio era “la chica dorada”. En pocos meses, Thalía pasó de bailarina de fondo a protagonista (Sandy) y su éxito la llevó a unirse oficialmente a Timbiriche. Las tensiones entre Thalía y Paulina por ser la estrella del grupo alcanzarían su clímax dramático/cómico con ellas tirándose de los pelos en un concierto. No es una metáfora.

1988. Toluca (México). En pleno concierto, Paulina le desconecta el cable del micro a Thalía, que sigue cantando sin darse cuenta. Pero cuando Thalía se percata de que nadie la escucha ni la oye, decide asegurarse de que Paulina la sienta: se acerca a ella e intenta arrebatarle su micrófono para poder cantar con él, zarandeándolo tanto que acaba golpeándose a sí misma con el micro en la boca. Presa de la rabia, Thalíaagarra de la coleta ladeada a Paulina y se la cambia de lado de un tirón mientras se enzarzan.

La mitad del público corea el nombre de una, la otra mitad jalea a la otra como si se tratase de una pelea de lucha libre mexicana. Ambas son evacuadas del escenario, descalzas (han perdido los zapatos durante el forcejeo), pero después contarán que siguieron arañándose y gritándose dentro de la furgoneta.

Aquella sería la última gira de Thalía con Timbiriche, porque inició su carrera en solitario con Thalia y su éxito Amarillo azul. En aquella época Thalía fue bautizada como la reina del pop latino y trató de estar a la altura de su homónima americana, Madonna, escandalizando en episodios tan delirantes como aquella entrevista conVerónica Castro en la que habla de “las tres S de los fluídos: sangre, sudor y sssss” y a pesar de los intentos de la presentadora por cancelar el esperpento antes de que le cancelasen a ella el programa, Thalía no para hasta que consigue que un señoro del público grite “¡semen!”. 

Dos años después, Paulina debutó con La chica dorada, con una imagen más etérea, fantasiosa y recatada que Thalía. Desde entonces, la rivalidad entre ambas artistas ha fascinando al público mexicano hasta el punto de que hoy siguen teniendo que responder preguntas la una sobre la otra. Poco le gusta más a la gente que dos divas enemistadas, pero Thalía y Paulina tampoco han desaprovechado la oportunidad de, entre risas, tirarse cañones a ver dónde caen.

“Thali va a España y dice que es mi mejor amiga. Luego va a tu programa [dirigéndose a los presentadores mexicanos El Gordo y La Flaca] y dice que no me quiere… Yo a la Thali la quiero mucho y le mando besos en la boca y todo”, aseguró Rubio. En los 90 Thalía triunfaba más no solo en la música (Amor a la mexicana, Mujer latina) sino en la televisión con culebrones como Maria la del barrio, Rosalinda, Marimar o María Mercedes. Pero el nuevo siglo Paulina lo empezó arrasando y adelantó por la izquierda a su excompañera.

En 2004, se presentó en la fiesta por el lanzamiento del Grandes éxitos de Thalía sin haber sido invitada y acaparó todo el protagonismo de la alfombra roja (ella venía de una ristra de hits con Te quise tanto, Casanova o Y yo sigo aquí, mientras Thalía acababa de fracasar en su intento por triunfar en Estados Unidos con un disco en inglés). “No sé por qué vino a la presentación de mi disco ya que no somos amigas, ni rivales, solo somos compañeras. Eso sí duele, ¿no?” le confesó Thalía a El Gordo y La Flaca (que por lo visto son el Yago de este Othello).

“Quizá esté enojada porque yo estoy en el número 1 de Billboard… Make love”, concluyó Rubio. La respuesta de Thalía fue imitar a Paulina: “oh, sí… todo ok… make love… karma y efecto…”. A partir de ahí las pullas no dejaron de cruzarse. Cuando le preguntaron a Paulina si llevaría ropa diseñada por Thalía, esta respondió que “no, yo no modelo cosas de mal gusto, creo que con la elegancia se nace, por más dinero que se tenga nunca se puede comprar el buen gusto” para a continuación llamar “viejito” al marido de Thalía, el expresidente de Sony Music Tommy Mottola (y exmarido de Mariah Carey).

“Tengo muchas cosas importantes que hacer para perder el tiempo respondiendo a las tonterías que dice Paulina” respondió Thalía, “Por mí que se revuelque en su envidia, que se dedique a su carrera y que me deje en paz para hacer lo mío que es trabajar”. ¿La reacción de Paulina? Señalar a la campaña de chocolatinas de Thalía: “los chocolats son muy ricos, pero yo no hago chocolats, yo hago canciones”.

En otra ocasión, Thalía explicó que ella y Paulina habían sido muy amigas durante su etapa en Timbiriche: “compartíamos las burgers, ella lloraba y yo la apapachaba”. Cuando en ese mismo programa le enseñaron el vídeo a Paulina, la cantante aprovechó una pausa publicitaria (que la cadena no tuvo reparos en emitir después) para quejarse en la mejor tradición de Paco Umbral: “Oye, a mí me parece muy mal todo esto, yo estoy aquí para hablar de mi disco y se me hace muy mal que me hagas esto delante de la cámara. No, no te disculpo. O se hace como yo quiero o me paro y me voy”.

Thalía y Paulina han estado a punto de encontrarse en público dos veces. En 2008, durante una gala de Univisión a la que ambas asistieron, Thalía invitó públicamente a su excompañera a tomarse unos tequilas y Paulina, como siempre que alguien le invita a un tequila, aceptó: “Claro que sí, Thalía y yo éramos mejores amigas de los 11 a los 15, yo tenía un novio que tuvo un accidente y murió y Thalía en ese momento estuvo muy al pendiente y eso no se olvida”. Thalía confirmó su plan: “Nos vamos a encontrar en estos días y seguramente vamos a estar pegadas ahí juntas y riendo, platicando”. Pero nunca llegaron a coincidir. De nuevo en 2012, Thalía asistió al programa La voz México, donde Rubio era coach, para presentar su canción Habítame siempre. Sin embargo, grabó la actuación sin Paulina delante.

Hoy, mientras arrasa las listas con No me acuerdo y se ha adueñado del verano en internet gracias a una story de Instagram (en la que se infiere que ambas comparten algo más que la nacionalidad) que se ha viralizado y se transformado en una canción de éxito gracias al remix Me escuchan, me oyen, Thalía sigue rechazando todas las ofertas de reunirse con Timbiriche. Y si algún día tiene lugar ese encuentro, no habría de qué preocuparse, primero, porque los micrófonos ya no llevan cables. Y segundo porque, después de 30 años, Thalía y Paulina no deberían querer ser la única estrella sobre el escenario: está claro que se necesitan la una a la otra para existir.