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Los argentinos, letrados en crisis, han sumado a nuevo concepto a su vocabulario popular: pass through. Así llaman los economistas al impacto que tiene el tipo de cambio en los precios. El pass through es, entonces, la nueva pesadilla de Argentina, que ve cómo el Gobierno pierde día a día la batalla contra la inflación.  La oficina de estadísticas reveló hoy el índice IPC con los primeros efectos de la depreciación de la moneda registrada el mes pasado: 3,9% intermensual. El dato eleva a 24,3% la inflación acumulada desde enero y a 34,4% si se miden los últimos 12 meses. Septiembre será aún peor, porque registrará en toda su dimensión el impacto del pass through.

Que los ahorristas argentinos “piensan en verde” es ya un lugar común que pretende explicar la dependencia que tienen con el dólar. Ante la menor turbulencia, compran dólares para protegerse. Y la cotización sube: el 1 de agosto bastaban 28 pesos para comprar un dólar; hoy se necesitan casi 40. El peso ha perdido desde agosto el 28% de su valor y más de 50% desde enero. La caída del peso se traduce inmediatamente en una mayor inflación, un poco por razones técnicas y otro poco por miedo.

Los empresarios suben sus precios “por la dudas”, temerosos de que el tipo de cambie haga subir la inflación. Es la profecía autocumplida. La tormenta la completan los exportadores, que intentan igualar en el mercado local las ganancias extraordinarias en pesos que ahora obtienen con sus ventas en dólares en el exterior, y todos aquellos que producen con insumos importados.

Agosto, por ahora, no ayudará a la guerra que Mauricio Macri lleva contra la inflación desde que llegó al poder, en diciembre de 2015. El año pasado cerró con una subida del IPC de 24,7%, un 46% más que las previsiones oficiales. Para este año, el Gobierno estimó 15%, pero pronto tuvo que abandonar la meta por inalcanzable. En junio, Macri acordó con el FMI un rescate financiero que previó, en el peor de los escenarios posibles, una inflación para todo 2018 de 32% . Esa cifra, muy pesimista, saltó por los aires en pocas semanas. La inflación de este año rondará, si nada malo vuelve a pasar en el mercado cambiario, el 44%.

El hundimiento del peso se concentró en la última semana de agosto, pero su efecto inflacionario se potenció con subidas en combustibles, electricidad y alimentos. La suma de factores terminó por cerrar el mes con mayor inflación del año. Si agosto fue malo, septiembre será peor. Consultoras privadas como Ecolatina esperan para el mes que viene un piso de inflación de 6%, reflejo de todo el efecto negativo del pass through. La estela llegará hasta octubre, con una subida del IPC de al menos 4%. Este año está perdido en la batalla contra la inflación y Macri ha prometido que todas las esperanzas se trasladan al año que viene. Los argentinos deberán esperar.