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  • La carta repetida que hacían firmar a madres de 'niños robados'. Y las cruces en los expedientes para que en un futuro no hubiera bodas entre hermanos

  • Son algunos de los hallazgos de la antropóloga Neus Roig, que ha investigado 476 casos bajo sospecha

  • "En las 17 comunidades autónomas hubo uno o más doctores Vela y una o más sor Marías", dice en la semana del primer juicio al médico

«Hijo mío yo no te puedo guardar. No ya por mis padres, ni por dinero. Sino porque no te quiero...». Esta carta la encontró un hombre adoptado por una buena familia, llamémosle Sebastián, que hurgaba en su pasado. Se estremeció. Por su crudeza. Como cualquiera que lee una misiva hiriente escrita sin apenas dolor. «Me gustaría que, si algún día te enteras que tu madre no te quiso, me puedas perdonar».

En su pasado de niño supuestamente adoptado, abandonado por su madre, no se esperaba encontrar eso. Él, como tantos que nacieron en la maternidad de Peñagrande, quería saber quién era ella. Con la sospecha de, como tantos en su misma situación y búsqueda, que podía ser un niño robado.

Sebastián fue a por Neus Roig. «Sucedió entre finales de 2012 y principios de 2013», recuerda ella, mientras su voz aguda se quiebra por momentos, no le es ajeno que esta semana ha quedado visto para sentencia el primer juicio por robo de bebés en España. «Me rompe el alma. ¡Qué madre embarazada puede escribir eso!».

Roig, antropóloga y entonces preparando su doctorado sobre el tema de tráfico de bebés, comenzó a indagar con otra gente de Peñagrande, un sitio donde «el robo de niños se convirtió en algo normal», a decir de tantas mujeres que cayeron en ese infierno. Descubrió que Sebastián no fue el único.

«Tras esa primera carta apareció una segunda, una tercera, una cuarta... de distintos años; escritas con diferentes máquinas de escribir; mismo contenido, distintas erratas», cuenta Roig, conmovida aún cuando vuelve a ese momento. «Son personas de distinto sexo, chicos y chicas».

Cuida mucho mantener su anonimato. Están todos en procesos judiciales que creen que se podrían enredar más si se les identifica. «Todos constan como adoptados, no como biológicos. En las cuatro cartas hay cuatro firmas diferentes, rayando lo ilegible. El nombre no se identifica. Con distinto color de bolígrafo... Estamos hablando de finales de los 60 y principios de los 70». Los destinatarios de ese escrito repetido hoy rondan la cincuentena.

Cuatro cartas con el mismo mensaje y distintas firmas para adoptados de la maternidad de Peñagrande (Madrid). CRÓNICA

Con la frase que hace tiritar hasta al corazón más gélido, «No llores que vas a ser feliz», Neus Roig ha bautizado su libro. Es un resumen de su portentosa tesis doctoral -titulada 'La búsqueda de la filiación biológica: La detención ilegal de recién nacidos y la usurpación de su identidad, en España en el periodo 1938-1996'- donde se encuentran estas cartas que presentamos en primicia. No son concluyentes. Pero definen la maldad que rondaba en este entramado.

«Mi recuerdo especial, por tanto, es para esas madres, padres y familias a las que, sin pestañear, un médico o una monja les dijo que su bebé había muerto, mientras "pasaba a lactancia artificial" en los brazos de la que acababa de parir un fajo de billetes», refiere Roig, 59 años, con una hija abogada. Eso eran los bebés para la trama: dinero fácil, dinero impune. Como el doctor Vela, quien no ha tenido problemas en confesarle a un Policía que quemó expedientes. «El mismo Vela que, puedo confirmar, era ginecólogo en Peñagrande». Donde aparecieron las misivas.

"Quiero encontrarla"

El hombre que encontró la primera carta reflexiona sobre ella. Y le manda un mensaje a su madre biológica: «Si se acogió al parto anónimo, ¿por qué dejó firmada con su nombre una carta para que me la entregasen? ¿La firma que aparece es la suya real? Fíjate que el nombre no se ve... Quiero encontrarla para que me lo explique, pero no quiero que sepa que la busco hasta que la encuentre».

Neus añade una pregunta seca como cenizas de crematorio: «¿Podían actuar con más crueldad en el momento en que un hijo/a fuese a buscar información sobre su madre, entregándole una carta con tanta inquina en su interior?». Lo dice a pesar de haberse acostumbrado al dolor y a la incertidumbre. Para su obra seleccionó 476 casos para estudiarlos en profundidad, contactó con 28 asociaciones de víctimas, analizó miles de páginas de expedientes. Y ha llegado a una conclusión: «En las 17 comunidades autónomas hubo uno o más doctores Vela y una o más sor Marías». Va aún más lejos y eso defiende en su tesis doctoral acerca de los niños robados, «son crímenes de lesa humanidad por el hecho de producirse de forma sistemática y con conocimiento del Estado».

Recuerda a Ana -como todos los nombres de víctimas citados, el suyo es ficticio- a quien le dijeron que su bebé había muerto y al que su médico dijo que sería tratado como «desecho de quirófano». No hay fecha de entrada en cementerio alguno. Le pasó también a Emma; a Paula, cuya hermana gemela debía estar enterrada en la Almudena. Y no está...

«Les entregaban a sus hijos muertos en cajas selladas y dentro no había cuerpo...cuando han hecho exhumaciones se han encontrado en su lugar gasas, piedras o hatillos de ropas». Así le pasó a Ángeles, quien dio a luz el 9 de mayo de 1983 en Bilbao. Dentro de su tumba sólo había restos de paños verdes de quirófano y la tela del interior del ataúd. Y pelos que no se podían analizar porque carecían de raíz. Y cuando sí se han localizado restos óseos «el ADN ha demostrado que los huesos encontrados no corresponden con el ADN de los padres. En esos casos, se trata de un bebé vivo intercambiado por otro que realmente se murió».

Dos hermanos, dos destinos

Otro caso descubierto es el de dos hermanos de seis meses, niño y niña, que debían ir a un control de vacunación en Valencia. La madre decide llevar sólo a la pequeñina. Al llegar, le dicen que está muy enferma. A las pocas horas, aseguran que está muerta. Lo sucedido después es propio de un novela de Edgar Allan Poe. Oficialmente también murió el hermano que no fue al médico, el que estaba sano y salvo. Describe lo sucedido Luis, el superviviente: «Yo me quedé en casa, nunca me ingresaron, pera ya tenían la documentación preparada y se les olvidó devolverme a la vida y aquí estoy, dando guerra más de 50 años después»...

Otro enigma es la cruz potenzada que ha aparecido en distintas historias clínicasde casos investigados [ver apoyo]. «Estas cruces aparecen en algunas documentaciones de la Clínica San Ramón y Santa Cristina de Madrid, en las de San Cosme y San Damián de Barcelona, en Maternitat de Barcelona y en el Joan XXIII de Tarragona, en expedientes que comprobé para el estudio de la tesis», apunta Neus. Lucía lo tenía en sus informes médicos. Su bebé nació supuestamente muerto.

«Certificado de cementerio: negativo, no consta enterrado. Ahora, al entregarnos los documentos de mi parto, resulta que hay tres hojas con la famosa cruz». También encontró otro documento que revela que el bebé pasó «a lactancia artificial». ¿Las cruces? «Nos marcaban y nos tenían identificados de por vida tanto a los bebés como a las madres», acusa Lucía.

Neus Roig, también presidenta del Observatorio de las Desapariciones Forzadas de Menores, va más allá sobre las cruces y su sentido: «No se podía permitir que se encontraran dos hermanos con apellidos distintos, y quizá de poblaciones distintas, y quisieran casarse». Para así evitar el incesto.

Los que se echaron atrás

Graciela llamó por teléfono a Neus y le soltó su gris alegría: «Han encontrado a mi hija. Pero para conocer su identidad me piden retirar la denuncia». Ese momento muestra lo que muchas madres de niños robados han tenido que hacer en secreto. «La familia de su hija es de Barcelona. Poderosa y rica», añade Neus. «Aceptar eso es negar que todo esto hubiera pasado. Como si defraudara al resto de madres», se lamentó Graciela.

Se rindió. Firmó el documento. «Ya tengo lo que buscaba... pero no me la juego a volver a perder a mi hija por gente que no conozco y que seguro que harían lo mismo que yo. Ella me lo ha pedido y lo he hecho. A mí, poder abrazar a mi hija y a mi nieta es lo único que me importa»... Tras su tesis doctoral -la primera sobre niños robados, calificada «sobresaliente con Cum Laude»-, Roig levanta el auricular. Recibe la amenaza.

-¿Eres Neus?

-Sí.

-Cuidado con lo que escribes y lo que publicas porque lo próximo que se publicará será tu esquela.

Cuelgan. Pero no consiguen su objetivo. Sigue investigando. Continúa con una labor de seis años que comenzó cuando intuyó que esto podía ser una pandemía.Por esos bebés robados y llorados. Por los que leyeron esas cartas que rubricaban, en papeles amarillentos, distintos «no te quiero».

Y esa extraña cruz que aparece en algunos expedientes

En distintas hojas de parto aparece una cruz potenzada, que es la que tiene pequeños travesaños en sus cuatro extremidades. Es la que usaban los cruzados en sus campañas. Es tan cotidiana su repetición que se incluye en una querella de la Asociación SOS Bebés Robados Euskadi...

Así explica el porqué la propia autora del libro: «La Iglesia no podía permitir que se encontraran dos hermanos con apellidos distintos, y quizá de poblaciones distintas, y quisieran casarse. Como todas las bodas eran eclesiásticas hasta que se restableció la civil, con amonestaciones y petición de una parroquia a otra de la autorización, ahí debía de haber marcas, en especial en la partida de bautismo que identificase que ese bebé no había sido parido por la madre que constaba como suya y, por ello, podía incurrir en incesto si no se tenía el control pertinente».

Se repite este símbolo en expedientes en Madrid, Barcelona, Tarragona...

Fuente: elmundo.es
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